
SAN JUAN, Puerto Rico – Los miércoles por la tarde, dentro de la institución correccional Guayama 1000 en Puerto Rico, el ambiente está cambiando. Donde antes los muros de concreto y el alambre de púas parecían definir el futuro de los hombres allí dentro, ahora se abren Biblias y se elevan voces en oración como parte de un nuevo esfuerzo de discipulado liderado por la Convención de Iglesias Bautistas del Sur en Puerto Rico.
La iniciativa, llamada Proyecto M419, toma su nombre de la invitación de Jesús en Mateo 4:19: “Vengan en pos de mí, y yo los haré pescadores de hombres.” Es el paso más reciente en el compromiso de la Convención de llevar la esperanza del evangelio a cada rincón de la isla—aun al patio de la prisión.
Una respuesta del evangelio a una gran necesidad
Lanzado a inicios de 2025 bajo el liderazgo del director ejecutivo Luis Soto y en colaboración con el pastor Jorge Santiago de la iglesia One Church en Comerío, el Proyecto M419 está diseñado para atender un profundo hambre espiritual. Aunque ya existen programas de rehabilitación en el sistema carcelario de Puerto Rico, Soto y Santiago vieron un vacío que solo el evangelio podía llenar.
“El objetivo no es solo reducir la reincidencia o preparar a alguien para su liberación,” explicó Soto. “Es ayudar a los hombres a descubrir una nueva vida en Cristo, caminar en discipulado y construir comunidades de apoyo que reflejen el Reino de Dios.”
Para hacer realidad esa visión, cuatro grupos de voluntarios—cada uno con tres maestros—se han comprometido a sesiones semanales de discipulado. Cada miércoles y viernes, 100 confinados se reúnen durante dos horas para recibir instrucción bíblica, compañerismo y ánimo mutuo.
Vidas que ya están cambiando
Aunque el proyecto apenas tiene meses de iniciado, ya se ven señales de transformación. En las próximas semanas, 30 confinados de Guayama entrarán a las aguas bautismales, testificando públicamente su nueva fe en Cristo.
Para Soto, esos momentos son un recordatorio de la gracia incesante de Dios.
“Ver a hombres que, a pesar de sus grandes pecados, encuentran vida y propósito en nuestro gran Salvador, Jesucristo, confirma que el evangelio es verdaderamente el poder de Dios para salvación,” dijo. “Su gracia es mayor que nuestros pecados.”
Santiago coincidió, enfatizando que los muros de la prisión no pueden detener el amor de Cristo.
“Jesús nos enseñó que nadie está demasiado lejos como para no ser alcanzado por Su amor,” dijo Santiago. “El Proyecto M419 nos permite ir donde pocos están dispuestos a ir y sembrar la semilla del evangelio que puede transformar una vida para la eternidad.”
Más allá de Guayama
Aunque Guayama es el punto de partida, la visión es mucho más amplia. Los líderes esperan expandir el Proyecto M419 a todas las cárceles de la isla, incluyendo las de mujeres y jóvenes, estableciendo una cultura de discipulado entre la población carcelaria.
Esa expansión requerirá el apoyo de iglesias y socios ministeriales. La Convención está invitando a las congregaciones a proveer recursos—Biblias, manuales de discipulado, literatura cristiana—que ayuden a fortalecer el trabajo y equipar a los confinados para crecer en su fe mucho después de cumplir sus sentencias.
Luz dentro de los muros
Por ahora, al caer la tarde del miércoles y salir los voluntarios de Guayama, los ecos de la Escritura y la oración permanecen tras ellos. Dentro de esos muros, hombres que antes eran definidos por sus crímenes comienzan a ser reconocidos como hermanos en Cristo.
El Proyecto M419 es más que un programa—es un recordatorio de que aun en los lugares más oscuros, el evangelio sigue siendo luz, y la Gran Comisión sigue llamando al pueblo de Dios a ir.














