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EDITORIAL: Buenas señales para el año nuevo


NASHVILLE, Tenn. (BP)–A medida que la crisis financiera cobra su fuerza, muchos buscan hoy con interés señales o índices que le permitan dar un respiro. Buscan noticias que los alienten y los animen. Con entusiasmo desean ver señales que indiquen que las cosas van a mejorar y que el sistema económico de nuestra nación funcione. Leer algunas noticias en los diarios o escuchar a otros hablar de los nuevos tiempos pareciera casi perfilar nuestro interés a un pesimismo sin esperanza. ¿Querrá nuestro Dios que vivamos de esta manera?

Para muchos, la crisis financiera es sinónimo de caos y fatalismo. Para otros, esta puede ser una excelente oportunidad de ver a Dios obrar alrededor nuestro. Al comenzar este nuevo año es preciso recordar que el Salvador nos otorga seguridad y confianza si orientamos nuestro corazón hacia Él. Hoy, muchos se sienten abrumados por señales desalentadoras que llueven a nuestro alrededor. El auxilio de la industria automotriz y el desesperado desempeño de la banca comercial que hemos visto en estos últimos días son solo algunas muestras de ello. Muchos pierden su calma y temen. Ahora, más que nunca, nuestro mundo necesita mejores indicadores que considerar. El Salmo 145.18-20ª dice “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que le temen; oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará. Jehová guarda a todos los que le aman.” He aquí buenas señales. No, no todo está colapsando. La economía y el gobierno de Dios siguen funcionando. Su soberanía está firme. Sus promesas se cumplen y sus bonos siempre están creciendo. Nuestro corazón debe inclinarse en la dirección correcta. Acercarse a Él es la clave. Es el secreto que muchos aun están por descubrir.

Como iglesia de Cristo, necesitamos recordar en este tiempo el ejemplo de fidelidad de Zacarías y Elizabet. Estos prepararon el camino del Mesías. Después de un período de silencio divino de 400 años que precedió a la primera Navidad, Dios eligió usarlos para romper su silencio. Dios sorprendió a muchos — incluyendo a ellos mismos — enviándoles un bebé. Les dio una señal. Una señal que Dios estaba en control y que su plan se cumpliría. Sucesos como estos comenzaron a llamar la atención hacia el Salvador. Aquel matrimonio de muchos años vio cómo Dios tomó una situación imposible y la invirtió y la utilizó para encender la llama de la fe y presentar el evangelio.

Muchas veces pareciera que hemos perdido la capacidad de ser sorprendidos por Dios. Podemos llegar a pensar que lo hemos visto todo y que sabemos todo acerca de Dios. Quizás sea esto parte del problema. Podemos caer en la trampa de suponer erróneamente por qué Dios hace lo que hace. ¡Qué diría el anciano Zacarías y Elizabet, a la que llamaban estéril, si nos vieran a algunos de nosotros actuar! La mano de nuestro Dios sigue abierta para colmarnos de bendición (Salmo 145.16). Esta mano sigue abierta para sorprendernos y sostenernos en el 2009.

Creo que el temor a menudo nos impide experimentar las aventuras emocionantes que Dios quiere brindarnos. A nuestro Dios no lo abruman ni el número de nuestros problemas ni la magnitud de ellos. Es pertinente recordar las primeras palabras a Zacarías, quién al recibir la declaración del ángel de que sus oraciones habían sido escuchadas acerca de su hijo, le sobrecogió temor y se turbó. El ángel Gabriel lo tranquilizó y le dijo: “no temas”. Esta orden divina es precisamente la que muchos corazones necesitan también escuchar.

En aquel entonces, Dios no solo estaba respondiendo la oración de Zacarías por un hijo. Él estaba dando a ese hijo, Juan el Bautista, un papel especial en el plan de salvación. Al igual que en aquel entonces, Dios ha dado a Su pueblo hoy un rol muy importante que debemos llevar adelante en la extensión del Reino.

Somos un pueblo bendecido de muchas maneras, un pueblo con múltiples recursos para proclamar las buenas nuevas. Somos un pueblo que al mirar atrás podemos ver la inmerecida fidelidad de Dios en nuestras vidas, un pueblo que hemos visto grandes y buenísimas señales de la multiforme gracia de Dios. No hay pánico en el cielo. Dios no está preocupado o nervioso. Somos un pueblo que hemos sido testigos de muchos milagros, un pueblo que ha experimentado a Dios romper el silencio. Somos un pueblo que reconoce la actividad de Dios y es capaz de prosperar y marchar en victoria aún en tiempos difíciles. La economía de Dios sigue funcionando. Estamos llamados a ayudar a otros en este tiempo a conocer Su salvación. ¡Estas son buenas señales!
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Luis R. López es el Director de LifeWay Español de LifeWay Church Resources en Nashville, Tenn. http://www.LifeWay.com/espanol.

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