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EDITORIAL: Esperanza en la adversidad


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HENDERSONVILLE, Tenn. (BP) — En los últimos días la crisis migratoria en la Unión Europea ha revelado ser probablemente el desafío más grande que la UE haya enfrentado desde su origen. La brutalidad y la compasión han sido exhibidas de diferentes maneras en la medida en que diferentes países responden a los miles de inmigrantes que llegan de Siria, el Medio Oriente, África y el sur de Asia.

Muy particularmente, hemos visto a más de 4 millones de sirios escapar de la guerra civil que siguió al presidente Bashar Assad. Muchos han buscado refugio en países cercanos como Turquía, Líbano, Jordán, Irák y Egipto. Ahora miles de estos llegan a Europa.

La Agencia de refugiados de las Naciones Unidas ha dado gran apoyo a las familias migrantes durante este tiempo. Sin embargo, esta ha declarado que ya no puede manejar más esta carga. Su plan de ayuda para este año no tiene ni siquiera la mitad de los recursos que necesita para funcionar. El programa de ayuda mundial de alimentos (World Food Programme) ya ha tenido que cortar su aporte a más de 1.5 millones de refugiados sirios en los últimos meses.

Un funcionario del gobierno de los Estados Unidos declaró que “este fue el verano cuando el pueblo de Siria decidió que ya no había esperanza”. ¿Será verdad esto? y ¿cómo saberlo? Bill Frelick, director del programa de refugiados y de vigilancia de los derechos humanos dice “siento que la gente de Siria se ha dado por vencida.” He allí un pensamiento.

Seguimos observando las imágenes conmovedoras de miles de refugiados cruzando fronteras en busca de ayuda. La foto del niño sirio, Aylan Kurdi, de 3 años quien murió ahogado en una playa turca ha despertado una ola de compasión alrededor del mundo. La foto del niño fallecido, boca abajo, en las orillas del mar nos ha estremecido y ha dado la vuelta al mundo. Ha revelado parte de la magnitud del problema y dominado las redes sociales suscitando una oleada de indignación y despertado diversas acciones de líderes gubernamentales. Mujeres dando a luz mientras cruzan la frontera, familias en embarcaciones precarias a punto del naufragio y padres cargando a hijos en sus brazos perseguidos por autoridades y/o ISIS han quedado grabadas en nuestra mente. Estas personas en busca de esperanza han definido lo que la historia probablemente registrará como El Gran Escape Sirio. No hay duda que el problema es complejo, requiere atención y solidaridad de muchas partes.

La adversidad del pueblo sirio durante estos últimos 4 años de guerra ha sido inmensa. Dios tenga misericordia de esta nación. A veces vemos situaciones como estas y podemos preguntarnos ” ¿cómo puede Dios permitir que esto suceda? No siempre entendemos por qué Dios permite que pasen algunas cosas. Me atrevo a afirmar que son muchas las veces que no comprendemos algunos sucesos debido a nuestra perspectiva tan limitada.

La adversidad general de los pueblos también nos recuerda la adversidad individual. El infortunio y las calamidades personales que todos pasamos y que son parte de esta vida. El amor de Dios es más grande que la mente humana y que cualquier adversidad. Aunque no podemos dejar de experimentar dolor y hasta llorar por algunas cosas que nos quebrantan el corazón, debemos entender que la aflicción es parte de la vida. Siempre podemos confiar en el Dios de toda esperanza. Este es un Dios amoroso y que obra en el mundo de una forma poderosa.

No podemos evitar el sufrimiento porque vivimos en un mundo caído y muchas veces este es la materia prima que Dios usa para transformarnos. Cuando consideramos a Aquél que sufrió injustamente, varón de dolores y quien entiende nuestras ansiedades nos damos cuenta del inmenso amor de Dios por todos. Mientras la sabiduría humana no puede ver una pequeña nube de esperanza en las tinieblas, la fe puede ver la gracia de Dios aun en medio de la noche. Soren Kierkegaard dijo ” La fe ve mejor en la oscuridad”. Y es que cuando la tormenta crece y la tempestad ruge con la fuerza impecable de los truenos y los relámpagos, es posible darse cuenta de lo que verdaderamente tenemos: un Dios poderoso en quien podemos confiar con esperanza.

La naturaleza de este mundo no es capaz de darse cuenta de la bondad de Dios en medio del sufrimiento. Sin embargo, para el creyente el sufrimiento es parte del yugo que llevamos. Y su yugo es ligero porque Él prometió que sería nuestra fortaleza en tiempos de angustia. “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” Isaías‬ 43:2‬. Esto produce humildad y mansedumbre en nuestra vida.

Cristo dijo “aprended de mí que soy manso y humilde”(Mateo 11:29). La modestia de espíritu y la docilidad permiten ejercer el dominio propio. Cristo lo ejemplificó al pasar por este mundo. El mismo fue manso y humilde. El llevó una carga. Una carga mucho más pesada que cualquier otra. Más allá de la carrera que tuvo por delante, su enfoque estaba en ayudar a otros, sanar a los enfermos, servir al desesperado y salvar al que no tenía fuerzas. ¿Cómo ? ¿Por qué? Porque la fe ve mejor en la oscuridad y esta le permitía tener dominio propio.

Fe es mirar a Dios en medio del sufrimiento. Es vaciarnos de nosotros mismos y ser lleno de Su esperanza. Es confiar que Él está presente en nuestros momentos más oscuros y nos recuerda que lo mejor está por venir.

Algunos medios han reportado que miles de sirios están llegando al cristianismo en Europa. En Alemania específicamente, algunas iglesias han duplicado y triplicado su asistencia con migrantes convertidos y en busca de esperanza. ¿Podrá Dios usar esta crisis para avivar a su pueblo en el viejo continente? La fe ve mejor en la oscuridad. Dios, abre nuestros ojos.

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” Romanos‬ 15:13‬

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  • Luis López