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EDITORIAL: Seguridad en el aeropuerto

FRESNO, Calif. (BP) — Pasar a través de la seguridad del aeropuerto para embarcarse en un avión ha sido, como mínimo, una difícil tarea desde los ataques terroristas del 9/11 a Nueva York, Washington, DC, y Pensilvania.

He aprendido cuáles son los aeropuertos que tienen un proceso más complejo, y mantengo un record de los aeropuertos por los que viajo con frecuencia. ¡Yo podría criticar severamente a los que tienen los procesos más lentos!

En años recientes experimenté dos situaciones para embarcarme que fueron difíciles y bastante memorables. Después de dos horas y media en una fila para subirme al avión, llamé a mi esposa y bromeando le dije que estaba considerando tomar un ómnibus para regresar a Fresno. Ella se echó a reír.

En otra ocasión, Carmen y un servidor estábamos esperando para tomar nuestro avión. Justo antes del tiempo de embarcar la compañía cambió la puerta de embarque. Corrimos al nuevo destino donde los pasajeros estaban abordando dos vuelos por puertas adyacentes que saldrían casi al mismo tiempo. Prestamos tanta atención a la muchedumbre que se movía a nuestro alrededor en la terminal del aeropuerto que seleccionamos la fila de la puerta equivocada. Entonces escuchamos un anuncio atemorizante: “Whittakers, esta es su última llamada para embarcarse”. Rápidamente nos trasladamos a la puerta correcta y fuimos los últimos en subir al avión.

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Luego de esta experiencia creo que podemos encontrar algunas verdades espirituales. Estamos rodeados de personas que sabemos que están paradas en la fila incorrecta y, que por consecuencia, perderán el viaje a no ser que oigan la llamada. Ellos se mantienen parados en la fila y dicen: “No me molesten. No estoy interesado. Dios no está en mi agenda. No se entremetan en mis asuntos”.

Esto me recuerda la descripción que Jesús hace en el Sermón del Monte acerca de las dos puertas (vea Mateo 7). Como cristianos, sabemos y comprendemos que “ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición”, y muchos tomarán ese camino y entrarán a través de esta.

Cuando escuchamos voces confusas, nosotros debemos ser los que proclamen: “estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida”. Debemos recordar que un día vendrá otra llamada, la trompeta sonará y este será el fin de todos los tiempos. Esto me ha llevado a reconocer el poco tiempo que me queda para mantenerme enfocado en hablarles de las buenas nuevas de Cristo a las personas, en un estado, nación y mundo, que están perdidas.

Muchos son como el Rey Agripa que le dijo a Pablo: “Por poco me persuades a ser cristiano”. “Y Pablo dijo: ¡Quisiera Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!” (Vea Hechos 26.)

Continuemos ayudando a aquellos a nuestro alrededor, familiares, amigos y compañeros de trabajo, que están en una fila equivocada y deben ir a la correcta para poder llegar al destino glorioso: el Cielo.

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