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EDITORIAL: Ser viene antes de hacer


FORT WORTH, Texas (BP)–El deseo de agradar es una de las grandes presiones que enfrentamos los seres humanos. La sociedad valora sólo a los exitosos y a aquellos que alcanzan la popularidad. Por lo tanto, estos valores se convierten en la fuerza que dirigen nuestros pensamientos y acciones. Las posesiones materiales y las posiciones sociales se usan como la medida para evaluar el bienestar y, en muchísimos casos, la felicidad.

Desgraciadamente, los bienes materiales y la popularidad son tan efímeros como el periódico del día. Lo que es noticia hoy se convertirá en una historia sin importancia mañana. La sabiduría popular nos recuerda que el dinero va y viene y que un día los bienes nos servirán para remediar males. Por ejemplo, el placer de estrenar un auto o una casa sólo dura unos días pero la deuda se queda por mucho tiempo. Demasiadas personas en la actualidad se encuentran a la deriva en el mar de la incertidumbre financiera que muestra la economía mundial. Aquellos que pensaron que manejando un automóvil mejor o viviendo en una casa más grande les traerían mejor aceptación social, hoy se lamentan al enfrentarse a la realidad de la felicidad fugaz que las cosas materiales proveen.

La popularidad también ofrece placeres momentáneos. No importa a cuántas personas conozcamos, siempre habrá alguien a quien no le importemos o no nos reconozca. La fama es transitoria y se esfuma con mayor rapidez que a su llegada. Pienso que usted tendría dificultad en recordar las diez canciones más populares del año pasado, los nombres de 5 medallistas olímpicos o el nombre de los ejecutivos de las empresas más importantes del mundo. Cuando basamos nuestro valor en la fama estamos en un camino sin destino. Nuestros logros nunca nos traerán la felicidad verdadera.

Las buenas noticias son que no tenemos que basar nuestro valor en nuestras acciones, en nuestra popularidad o en nuestros bienes materiales. De hecho, nuestra valía se encuentra en lo que somos no en lo que hacemos. Lo que hagamos debe ser el resultado de lo que somos y no al revés.

Dios, a través de Jesucristo, nos da muchísimo más que la salvación de nuestros pecados. Efesios 2:10 nos presenta en resumen magnífico de nuestra condición en Cristo: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. Cuando Dios nos da vida nueva a través de la fe en Jesucristo entonces encontramos la plenitud de la vida en Él. La palabra “hechura” en griego, el lenguaje en el que se escribió el Nuevo Testamento, es “poiema” de donde viene la palabra “poema” en español. Por lo tanto, los cristianos somos el poema u obra maestra de Dios.

Así que, los seguidores de Jesucristo podemos liberarnos de la presión de encontrar nuestro valor en nuestras acciones o pertenencias. ¡Ya somos importantes! Ahora bien, esto no significa que los cristianos deben ser mediocres sino todo lo contrario ya que ahora tenemos el propósito de hacer buenas obras. Sin embargo, Dios ya preparó de antemano esas obras y sólo tenemos que dejar que Dios actúe a través de nosotros.

En nuestra vida nuestro ser viene antes que nuestro hacer. Los dos son esenciales pero quienes somos determina nuestro valor y le da sentidos a nuestras acciones. Antes de afanarse por quedar bien o por la situación económica, recuerde que usted es la obra maestra del Creador del Universo y sin importar lo que suceda usted ya es importante.
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Octavio Javier Esqueda es profesor de fundamentos de la educación del Southwestern Baptist Theological Seminary en Fort worth, Texas. Programa de Estudios Hispanos en el Southwestern Baptist Theological Seminary enlace: https://www.swbts.edu/hispanicstudies.

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  • Por Octavio J. Esqueda