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EDITORIAL: Un llamado a la Rendición de Cuentas

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NASHVILLE, Tenn. (BP) — A todos nos gustan las libertades enumeradas y protegidas por nuestra Constitución, y debemos ser agradecidos por las libertades que tenemos como ciudadanos de este país, los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, junto con nuestros derechos extraordinarios vienen responsabilidades importantes. Como líderes, somos responsables ante Dios, no solo por el transcurso de este país, también lo somos por el camino que tomamos en nuestras vidas y por aquellos que Dios nos ha confiado. Por lo tanto, debemos vivir de una manera que no solo glorifica al Padre y edifica a los demás, sino que también conserva y protege los valores sagrados que nos son propios. El Grupo Barna, (organización de investigación), dice que solo el 5% de los líderes religiosos rinde cuentas en sus congregaciones o a sus superiores. La rendición de cuentas no es asunto de jerarquía, más bien es un asunto de carácter.

Nuestra libertad en Cristo no nos da derecho a disfrutar del pecado.
— Los padres deben hablar todos los días con sus hijos sobre las cosas del Señor. (Deuteronomio 6:7).
— A pesar de que nuestros pecados han sido perdonados, tendremos que enfrentarnos a las consecuencias de las decisiones que tomamos, ya sea como simples ciudadanos o como líderes. (Mateo 25:14-30). Esto se puede ver claramente a través de la parábola de los talentos de Jesús. El Señor nos da dones, habilidades, recursos y talentos, y somos responsables de usarlos de manera que lo honren. Si no lo hacemos, perdemos nuestras recompensas en el cielo.
¿Cuál es la responsabilidad?
Significa que somos responsables en nuestro rol de líderes ante los demás y que debemos aceptar esta responsabilidad como un regalo de Dios. No solo proporciona un sistema de controles y equilibrios que nos protegen de cualquier daño, sino que también nos da la oportunidad única de compartir nuestra vida con los demás y animarles.

¿Qué ejemplos bíblicos tenemos sobre la rendición de cuentas?
— Adán y Eva (Génesis 3:8-19)
— Samuel y Saúl (1 Samuel 13:8-14)
— Natán y David (2 Samuel 12:1-14)
— Jesús y Pedro (Mateo 16:21-23)

¿Por qué es importante para nuestras vidas la rendición de cuentas?
— Saber que alguien preguntará acerca de nuestra conducta nos motiva a hacer el mejor esfuerzo y nos anima a ser buenos líderes, administradores de nuestro tiempo, talentos y recursos.
— Cuando somos responsables ante los demás, estamos en una posición para la promoción. Los que tienen autoridad de revisar nuestro trabajo se dan cuenta de nuestro potencial.
— La rendición de cuentas nos inspira y nos protege. Logra que nuestras relaciones se fortalezcan.
— Nos ayuda a enfrentar regularmente la verdad acerca de nuestras actitudes y acciones, y examinar si estamos alojados en el centro de la voluntad de Dios.
— Ser responsables ante el Señor y los demás nos reta a mantener altos estándares, convicciones piadosas, un corazón transparente y ser una persona digna de confianza.

¿Por qué la gente se resiste a la rendición de cuentas?
— Por rebeldía
— Por pereza
— Por el miedo a la pérdida
— Por falta de credibilidad
— Por orgullo

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¿Qué sucede si no hay rendición de cuentas?
— Puede ser que no hagamos nuestro mejor esfuerzo
— Nuestros recursos pueden ser desperdiciados
— El crecimiento espiritual y nuestro liderazgo se verá obstaculizado
— Habrá desunión en nuestras relaciones más importantes
— Dejaremos pasar las oportunidades, privilegios, promociones y recompensas
— Otros pueden sentirse libres para aprovecharse de nosotros.

La responsabilidad es absolutamente necesaria en todos los aspectos de nuestra vida, partiendo de las relaciones con nuestra familia y entre hermanos en la fe. Sin embargo, también sostenemos a otros en la sociedad responsables de lo que hacen, tanto si están en la iglesia, las escuelas, o el gobierno. Estos son días muy serios para nuestra nación y el mundo. Como creyentes nos consideran como representantes de Dios con la defensa de la fe y de la proclamación del evangelio de la salvación, el único camino hacia la libertad del pecado y de la muerte. Sabemos la verdad, así que no podemos guardar silencio al respecto. Más bien, somos responsables de declarar la verdad sin miedo, con tanta pasión y eficacia como podamos.