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La diversidad hispana no debe detener el ministerio

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NASHVILLE (BP) — En respuesta a un estudio divulgado por el Centro Hispano de Investigación Pew, tres líderes hispanos bautistas del sur ven la creciente necesidad de que las iglesias consideren la diversidad entre las poblaciones hispanas cuando lleguen hasta ellos en sus comunidades.

El estudio examina los diversos países de origen que se encuentran entre los casi 52 millones de hispanos que viven en EE.UU. Tomando cifras del 2011, el estudio advierte que más de 20 naciones de habla hispana están representadas por la población latina estadounidense y se enfoca en los 14 grupos más grandes de origen hispano.

De acuerdo a la investigación, “casi dos tercios (64.6 por ciento) de los hispanos estadounidenses, o 33.5 millones, trazaron los orígenes de su familia en México.” El siguiente grupo más grande, los puertorriqueños, integraron solamente el 9.5 por ciento de la población hispana de EE.UU. Seguidamente se encontraban los salvadoreños, cubanos, dominicanos, guatemaltecos, colombianos, españoles, hondureños, ecuatorianos, peruanos, nicaragüenses, venezolanos y argentinos.

Daniel Sánchez, profesor de misiones del Southwestern Baptist Theological Seminary (Seminario Teológico Bautista Southwestern) en Fort Worth, Texas, dijo que el explosivo crecimiento de la población hispana les provee a las iglesias grandes oportunidades para el ministerio y el evangelismo debido a que “los hispanos también están respondiendo al evangelio como nunca antes.”

En respuesta al estudio de Pew, publicado el 19 de junio, Sánchez dijo que el país de origen puede influenciar la receptividad al evangelio entre los hispanos.

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“Si usted toma alguno de los países de Centro América, como Guatemala, casi un tercio de la población de Guatemala ahora es evangélica,” dijo Sánchez, y añadió que Puerto Rico también es casi un tercio evangélico.

“Así que cuando llegan a EE.UU., ya tienen una orientación evangélica, y algunos de ellos han sido instrumentales en la formación de congregaciones,” dijo Sánchez. “… Uno puede esperar un mayor grado de receptividad ya que ellos han tenido más contacto con evangélicos aunque ellos mismos no sean evangélicos.

“Curiosamente, entonces, en relación a porcentaje, algunos de estos países están a la delantera de México en términos de porcentaje de evangélicos. … Más personas provenientes de México tienen una orientación católica romana… [y] puede que anteriormente no hayan tenido ningún contacto con evangélicos,” dijo Sánchez. “Así que, toma más tiempo establecer una relación con ellos. Sin embargo, hay suficientes similitudes ahí. El evangelismo, entonces, solamente puede requerir más tiempo para algunos de estos grupos.”

Fermín Whittaker, oriundo de Panamá y director ejecutivo de la Convención Bautista del Sur de California, estuvo de acuerdo con Sánchez, al decir que el contacto con el evangelio dentro del país de origen puede afectar la receptividad al evangelio.

Señalando las diferencias culturales y lingüísticas, Whittaker dijo: “Mantenemos la distancia con los dialectos locales cuando predicamos en nuestras iglesias y lo hacemos de manera que todos puedan entender la Palabra de Dios. Esa es la manera en la que predico cuando predico en español. No uso bromas de Panamá o ninguna ilustración que pueda no ser apropiada para la audiencia con la que estoy hablando.”

Elías Bracamonte, pastor de la Iglesia Bautista Nueva Vida de Topeka, Kansas, y presidente del Compañerismo Nacional Hispano de la CBS, dijo en adición a la diversidad en el trasfondo religioso, que los países de habla hispana también tienen diferencias económicas y educativas. Por lo tanto, los inmigrantes hispanos “no necesitan solamente asimilar y adaptarse a EE.UU. sino también los unos a los otros.”

Por ejemplo, el estudio de la Investigación Pew dice que el 51 por ciento de los venezolanos tienen título universitario comparado con el 7 por ciento de los guatemaltecos y salvadoreños. Los argentinos tienen el ingreso anual promedio por hogar más alto en $55,000 mientras que los hondureños se clasifican más bajo en $31.000.

Aunque estas diferencias probablemente influenciarán estrategias para alcanzar a los hispanos en una comunidad, Bracamonte anima a las iglesias “a ser humildes y a tener buenas relaciones y a edificar confianza porque hay una puerta abierta, y esta es una oportunidad para tener un impacto y ser una bendición para otros con el espíritu de Cristo.”

Un factor aun mayor en ministrar a los latinos, de acuerdo a Sánchez, Whittaker y Bracamonte, puede ser la diversidad entre los hispanos de la primera, segunda y tercera generaciones.

“También hablamos sobre las diferentes generaciones: la generación de los inmigrantes, los hijos de los inmigrantes que típicamente son bilingües, y luego los nietos de los inmigrantes que son mayormente anglohablantes,” dijo Sánchez.

“Toma una variedad de acercamientos para llegar a estos diferentes segmentos dentro de la población hispana. Estar conscientes de esto es importante en contradicción a pensar que un estilo se adecúa a todos.”

La segunda y tercera generaciones generalmente tienen una mayor educación y un mayor nivel de vida que la primera generación de hispanos, dijo Sánchez. Además: “La segunda y tercera generaciones de hispanos son más receptivas al mensaje del evangelio que la primera generación. Así que los ministerios a los niños y los jóvenes son supremamente importantes…. La mitad de la población hispana tiene menos de 27 [años de edad].”

Bracamonte, hispano de segunda generación cuyos padres se trasladaron a EE.UU. desde México, dijo que los de la primera generación tienen mayor dificultad para integrarse a la cultura estadounidense.

“La gente de la primera generación tiene que asimilar, y con el tiempo adoptar su país, adaptarse a la cultura y ajustarse [a vivir en EE.UU.],” dijo Bracamonte.

Esta diversidad generacional, dijo Whittaker, puede claramente ser vista en la barrera del lenguaje entre el español y el inglés. Mientras la mayoría de la primera generación es predominantemente hispanohablante, sus hijos y nietos tienden a ser bilingües o a hablar inglés solamente.

Como pastor en California, Whittaker predicaba solamente en español, pero se dio cuenta que los jóvenes no estaban llegando a la iglesia. Cuando comenzó a predicar bilingüe, la iglesia creció significativamente.

Sánchez estuvo de acuerdo y añadió: “Una característica cultural de los hispanos es el fuerte énfasis en la familia. Así que si la iglesia puede encontrar una manera de mantener a la familia junta, no necesariamente adorando en el mismo servicio, pero si pueden ir juntos a la iglesia e inclusive adorar en diferentes lenguajes, entonces ellos responderán algunas veces mejor que en una iglesia que solamente ministre a los hispanohablantes o solamente a los segmentos anglohablantes de una población hispana.”

Incluso con la diversidad del país, las generaciones y el lenguaje, Whittaker dijo: “El vínculo común es el evangelio.”

“Esas características son vistas algunas veces como un obstáculo para el evangelio, pero una vez que ustedes se sientan y compartan una taza de café, ese obstáculo se va. Usamos la palabra familia — la familia cruza las fronteras de cualquiera.”

Sánchez estuvo de acuerdo.

“Todavía existe la necesidad de que aquellos que trabajan con los hispanos hagan un esfuerzo por alcanzarlos a todos,” dijo Sánchez. “Requiere un esfuerzo porque hay variaciones culturales. Típicamente, las iglesias con pastores que están mejor capacitados para relacionarse con las culturas que llegan de diferentes países de origen son las que están alcanzando el mayor número de ellas. Entre más estemos conscientes de esos desafíos, más efectivos vamos a ser.

“El evangelismo amistoso necesita ser utilizado porque si establecen amistad con ellos, entonces se desarrolla un mayor grado de confianza,” dijo Sánchez.

Bracamonte les aconseja a las iglesias empezar pequeñas: “Tal vez comenzar un estudio bíblico en la iglesia o Escuela Dominical y luego fortificar desde ahí.”

Whittaker anima a las iglesias a desarrollar “una apertura de amor por la gente de su comunidad.”

“Puede sonar como si lo estuviéramos haciendo, pero en realidad, algunas veces tenemos miedo porque no sabemos cuál puede ser la respuesta,” dijo Whittaker. “He encontrado que cuando una iglesia está dispuesta a evangelizar su comunidad, el Señor les provee la sabiduría para hacerlo de la manera correcta.”

“Antes de que hagan nada, la oración tiene que bañar su comunidad cuando reciban la compasión de Cristo hacia todos en su comunidad, no solamente hacia un idioma específico sino hacia toda clase de personas,” dijo Whittaker.
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Keith Collier es director de noticias e información del Southwestern Baptist Theological Seminary.

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