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Los haitianos comienzan a llevar los Baldes de Esperanza a sus hogares

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PUERTO PRÍNCIPE, Haití (BP)–En un botadero de basura en la periferia norte de Puerto Príncipe, flacos y exhaustos haitianos formaron dos filas para esperar bajo el ardiente sol del 20 de junio que los Baldes de Esperanza fueran descargados del camión que estaba cerca de la Eglise Baptiste Canaan (Iglesia Bautista Canaán).

La iglesia, nombrada en honor de la Tierra Prometida, irónicamente se encuentra en el botadero de basura donde una localidad improvisada de haitianos desplazados ha surgido después del terremoto del 12 de enero.

Los Baldes de Esperanza estaban entre los miles que habían estado languideciendo en el puerto de la ciudad capital durante dos meses antes de que los oficiales haitianos de aduanas, abrumados por el proceso de otros cargamentos de artículos recibidos desde el terremoto, liberaran el embarque de los contenedores que transportaban los baldes. Cinco contenedores llenos de 6.750 baldes han sido entregados por los oficiales del gobierno hasta el 25 de junio.

Otros 13 contenedores permanecen en el puerto, mientras el personal de la Convención Bautista de Florida trabaja a través de los canales burocráticos del gobierno para su desembarque. Para el equipo de ayuda en desastres de Haití, el cual incluye a los voluntarios bautistas del sur y al personal de la Convención Bautista de Florida, cada día trae reuniones adicionales y el proceso de papelería para satisfacer a los oficiales del gobierno. Cada día el equipo se pregunta si más contenedores estarán accesibles de manera que más haitianos tengan alimentos esa noche.

En el botadero de basura, Moreno Robert, pastor de Eglise Baptiste Canaan, coordinó la distribución de la comida en la ciudad de carpas.

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“Normalmente no les pedimos a extraños que les den comida a nuestras familias,” dijo él a través de un traductor. “Sin embargo, desde el 12 de enero hay poco trabajo así que hay poca comida. Estamos obligados.”

Las vívidas estructuras de lona azul que salpican de manchas los montículos de desechos se han vuelto un lugar de refugio después de que el terremoto los dejara temerosos de su seguridad. Vivir en espacios abiertos y amplios lejos de los escombros de concreto que caen de los edificios de la ciudad es sin duda seguro, razonaron ellos.

Como muchos haitianos, ellos han repetido una frase similar: “mi casa se ha vuelto mi enemiga.”

Robert inició la iglesia en el botadero luego de que una cruzada evangelizadora diera como resultado nuevos creyentes. El pastor dice al tiempo que rápidamente pasa su mano a través del mar de carpas azules a lo largo del cerro: “Lo que ven aquí ahora no estaba aquí antes del terremoto.”

A medida que los que estaban de primero en la fila tomaban los baldes, cada uno se iba rápidamente, reacio a dar oportunidad de perder el balde ante alguien más.

A pesar de tener que estar en fila en espera de la comida prometida, la multitud esperó su turno y nunca se desaforó o se desordenó.

El mismo día, casi 250 personas se abarrotaron en la Eglise Baptiste Bethaniem (Iglesia Bautista Betania) en Puerto Príncipe mientras otros estaban de pie afuera esperando la distribución de los Baldes de Esperanza al final del servicio. Cuando el pastor Louis Joseph mencionaba los nombres, algunas familias enviaban a sus hijos al frente de la iglesia a recibir su balde.

Los baldes les fueron dados a miembros de la iglesia así como a otros de la comunidad que asistieron al servicio de adoración de casi dos horas y escucharon la proclamación del mensaje del evangelio.

Un aire de solemne emoción llenaba la congregación mientras los 150 baldes eran distribuidos. Mientras cuidaban su recién adquirida presea, las familias se dieron prisa para llegar a sus hogares para abrir los baldes de cinco galones.

El contenido de cada Balde de Esperanza incluye harina, arroz, frijoles, aceite, pasta, mantequilla de maní y otros artículos que alimentarán a una familia durante por lo menos una semana, dependiendo del tamaño de la familia.

No solamente la familia consumirá la comida sino que los baldes serán usados para llevar agua de los pozos y de otras numerosas maneras mientras los haitianos sobreviven en su gran pobreza.

En total, los bautistas del sur empacaron poco más de 155.000 baldes para el pueblo haitiano después del terremoto. Los otros contenedores con baldes permanecen en la Florida hasta que los que actualmente están en Haití puedan ser sistemáticamente completados en las aduanas.

Jean Phito Francois, director bautista de misiones en Puerto Príncipe, dijo que les había dicho a las iglesias que los baldes estaban en camino.

“Mucha gente preguntó: ‘¿Cuándo tuvieron tiempo las personas en EE. UU. de hacer todo esto?'” dijo Francois.

“Esta es una gran bendición de Dios,” añadió. “Vean estos baldes — la gente está muy feliz de recibirlos. Especialmente a mí, esto me ha tocado el corazón.”

Francois reportó que aunque los contenedores fueron retrasados en la aduana, todo estaba “extraordinariamente en buenas condiciones” una vez que los baldes fueron abiertos.

El concepto de Baldes de Esperanza se originó con Fritz Wilson, director de ayuda en desastres de los bautistas de la Florida, durante su primer viaje a Haití después del terremoto.

Wilson, quien también sirve como comandante de incidente de ayuda en el desastre de Haití para la Junta de Misiones Norteamericanas, determinó el contenido de los baldes después de consultar con los trabajadores haitianos de la cocina de la Casa de Misiones Bautistas de Florida. Él y su familia llenaron el primer balde cuando regresaron a EE. UU.

“Al mirar una familia en Haití abrir su balde, pensé en mi familia cuando iba de arriba para abajo en los pasillos de Walmart preparando el primer balde. Sabíamos que el balde de comida sería una bendición para una familia pero no pudimos realmente entender la enormidad de todo eso,” dijo Wilson.

Aunque el desafío de trabajar con los contenedores a través de la aduana haitiana ha sido frustrante, Wilson mira los desafíos como “algo de Dios.”

“La necesidad de los baldes continúa siendo inmensa, inclusive cuando Haití se está recuperando,” dijo.

La estación lluviosa en el tropical clima haitiano está en toda su fuerza. Wilson constantemente rastrea el clima vía Internet para determinar si los huracanes y las tormentas tropicales amenazan la isla la Española la cual comparten con la República Dominicana.

La necesidad de comida se podrá volver cada vez más crítica durante los siguientes meses, dijo.

“Lo he dicho a menudo, Dios en su tiempo perfecto va a distribuir los contenedores en el momento perfecto. Nuestro trabajo es esperar en él,” dijo Wilson.

Wilson igualó ver el primer balde distribuido a “la primera estación de agua en un maratón. Era un sitio de bienvenido. Fue refrescante y revitalizante pero todavía hay muchos kilómetros por recorrer.”
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Barbara Denman es directora de comunicaciones de la Convención Bautista de Florida.