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Nutriendo una fuerza misionera en Colombia


BOGOTÁ, Colombia (BP)–Juan y Lía Rojas* se despertaron repentinamente — alguien estaba afuera de su tienda de campaña.

“Queremos obedecer al Señor,” se escuchó una voz desde la oscuridad. “Entendemos la historia del bautismo y queremos ser bautizados.”

Juan se frotó los soñolientos ojos y a la luz de la luna vio las cuatro caras de los integrantes de la tribu Nu que esperaban ansiosamente su respuesta. Faltaba bastante para el amanecer.

“Muy bien,” les dijo el misionero colombiano con voz suave tratando de no despertar a sus dos hijas. “Haremos preparativos para bautizarlos.”

“No,” contestó uno de los Nu. “Queremos bautizarnos ya.”

La premura en las voces de ellos era inequívoca. Juan los guió hasta el río cercano y esa noche los bautizó.

“Esas son las historias que nos ponen la piel de gallina porque son poderosísimas,” dice la misionera bautista del sur Brenda Larzábal, quien sirve en Colombia junto con su esposo Fernando.

Sin embargo, esas historias pueden ser agridulces. Como reclutadores, los Larzábal realizan diferentes tipos de trabajos. Raramente pueden interactuar con las tribus indígenas cara a cara, mucho menos compartir el evangelio.

“Conocemos a los indígenas indirectamente a través de nuestros compañeros nacionales,” explica Brenda. “Sus historias de triunfo son nuestras historias, pero es difícil no estar en la línea del frente. Cuando se tiene en el corazón la carga del evangelio, se quiere compartirlo de primera mano.”

En vez de eso, el trabajo de los Larzábal es inspirar y equipar a las iglesias colombianas para enviar sus propios misioneros a los indígenas.

El reto, dijo él: “es que el promedio de los cristianos colombianos tienen la percepción que las misiones les pertenecen a los extranjeros. Pero las misiones le corresponden a la iglesia local. El evangelio ha estado en Colombia más de 150 años. Creemos que es tiempo que lo que tradicionalmente se ha considerado un campo misionero se vuelva una fuerza misionera.”

Los primeros frutos de esa transformación son evidentes en los misioneros colombianos con los que los Larzábal participan. A diferencia de los creyentes en EE. UU., los cristianos colombianos tienen pocas oportunidades de recibir entrenamiento misionero formal. Por eso es que los Larzábal invierten su tiempo y energía nutriendo parejas como los Rojas. En este acercamiento uno a uno es donde los dones de Brenda se manifiestan más evidentemente llevando a cabo los roles de entrenadora en misiones y consejera.

“Camino junto a ellos enseñándoles las herramientas que necesitan, escuchándoles sus penas y sus luchas,” dice Brenda. “A eso le llamamos discipulado misionero. También trabajo en la estrategia, en el “sentémonos” y trabajemos en los asuntos del plan maestro.”

Mientras Brenda instruye a los nuevos misioneros, Fernando pasa la mayoría del tiempo de un lado a otro del país visitando pastores e iglesias. En la Iglesia Bautista Berea, una iglesia bautista de la ciudad de Pereira en el centro del eje cafetero de Colombia, por ejemplo, Fernando predica un sermón de tema misionero parado en una tarima de madera en un cuarto abarrotado con más de 60 personas sentadas en sillas plásticas.

Eliécer Henao ha pastoreado la iglesia cerca de cinco años. Él dice que siempre se ha sentido atraído a las misiones e inclusive ha soñado en un día hacerse misionero a los indígenas. Los miembros de la congregación de Eliécer, sin embargo, apenas comienzan a captar el llamado de la Gran Comisión.

“Nuestro contacto con Fernando ha sido un factor clave en la educación de la iglesia respecto a misiones,” dice Eliécer. “Su idea sobre misiones era dar dinero para que alguien más fuera. Sin embargo, ahora estamos hablando de involucrarnos directamente.”

Cuando Fernando presenta la visión y llama a las iglesias a la obediencia, destaca la necesidad del evangelio exactamente en su propio patio.

“Una de las luchas que tenemos es cómo conectar la necesidad de los grupos indígenas con personas que viven en un mundo tan diferente,” dice. Cruzar ese puente a menudo significa hacer conexiones personales, razón por la cual Eliécer le ha pedido a José Miguel López que guíe a la iglesia en oración.

José Miguel y su esposa Claudia son misioneros colombianos compañeros de los Larzábal. Ellos trabajan entre los alhuata*, una tribu indígena distribuida en pueblos en las afueras de Pereira. Fernando tiene la responsabilidad de conectar la iglesia con el ministerio de los López. La Iglesia Bautista Berea ahora le provee a la familia apoyo económico e inclusive envían voluntarios cuando los López visitan los pueblos alhuata.

“Mi sueño es llegar al punto en el que una de nuestras propias familias sea enviada como misionera y sea sostenida 100 por ciento por nosotros,” dice Eliécer. “Necesitamos oraciones a nuestro favor de manera que la iglesia despierte y entienda que la responsabilidad de las misiones es de ellos.”

‘PUERTA ABIERTAS, UMBRALES VACÍOS

Mientras camina por un sucio sendero rojizo de Camacho*, un pueblo alhuata de alrededor de 500 habitantes ubicado cerca de Pereira, Fernando habla con José Miguel sobre su progreso. Es una de las únicas cuatro comunidades indígenas en el país a la que los Larzábal pueden entrar debido a amenazas en contra del gobierno hechas por los insurgentes. Visitas como esta son un raro deleite para Fernando.

“Es muy significativo para mí poder venir, respirar, oler y ver a la gente por la que oramos,” dice.

José Miguel se detiene para presentar a Valerio, un hombre mayor alhuata que ha vivido en el pueblo durante 50 años. Hasta hace poco, nunca había escuchado el evangelio. A través de su compañerismo, Fernando y José Miguel pudieron ayudar a Valerio a reparar su vieja casa. Es un poco más que una choza de madera con suelo sucio, pero es todo lo que él tiene. Regalos como ese han forjado buenas relaciones entre José Miguel y los alhuatas, que le dan el derecho de compartir el evangelio con ellos.

Pero se va a llevar mucho más que trabajo — y muchos misioneros más — si los más de 15.000 alhuatas han de oír las Buenas Nuevas. Aunque José Miguel ha incursionado en Camacho, docenas de otros pueblos alhuatas están esparcidos al otro lado de las circundantes montañas. ¿Quién les dirá a ellos? ¿Y qué de las otras más de 60 tribus indígenas de Colombia que no tienen testigos del evangelio?

“Durante los últimos 80 años ha habido gente trabajando con los grupos indígenas de Colombia. Pero después de todas esas lágrimas y vidas y todos esos esfuerzos y sacrificios, no tenemos mucho que mostrar,” dice Fernando con la voz entrecortada por la emoción.

“De 100 grupos, lo más que podemos decir es que 9 han sido alcanzados. …no creo que a Dios le agrade que nos tome otros 80 años. Creo que Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para darle un giro a esto en el curso de nuestra generación.”

Para ilustrar, Fernando cuenta una historia sobre una aislada tribu conocida como los ibanutes*. Un par de estudiantes universitarios colombianos fueron enviados a sondear la tribu para saber lo que se necesitaba para llevarles el evangelio.

“¿Tienen algo para nosotros?” les preguntó el jefe ibanute a los estudiantes.

Asumiendo que el ibanute hablaba de cosas tangibles, los estudiantes se disculparon por no llevar obsequios.

“No. Nos preguntábamos si tenían algún consejo para nosotros, alguna palabra de sabiduría,” replicó el ibanute. “Esto es muy importante para nosotros. En nuestra tradición, compartimos palabras de sabiduría.”

“Yo en lo particular no tengo muchas,” dijo uno de los estudiantes, “pero sucede que tengo un Libro que tiene un capítulo lleno de consejos y palabras de sabiduría.”

“Pasaron los siguientes tres días revisando el libro de Proverbios,” dice Fernando. “Cuando terminaron, los ibanutes pidieron más: ‘¿Pueden quedarse más tiempo? ¿Puede venir alguien más? ¿Cuándo los van a enviar?’

“La realidad de las misiones es que nos faltan obreros. Las puertas están abiertas. Pero hay pocos en los umbrales esperando entrar.”
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*Los nombres han sido cambiados. Don Graham es escritor de la Junta de Misiones Internacionales. Para saber más cómo alcanzar América del Sur para Cristo, vaya a samregion.org. Ofrendas a la Ofrenda de Navidad Lottie Moon pueden hacerse a www.imb.org/offering para apoyar a los más de 5.300 misioneros de la Junta de Misiones Internacionales en todo el mundo, incluyendo a Fernando y Brenda Larzábal en Colombia.

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  • Por Don Graham