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Pastor chileno llora después del terremoto y del tsunami, luego se pone a trabajar


CONSTITUCIÓN, Chile (BP)–El pastor chileno Juan Mauricio Muñoz oró con su esposa, hijo y una mujer joven que estaba quedándose con ellos, mientras su casa temblaba. Cuando terminó el terremoto de magnitud 8.8, estaban agitados pero ilesos.

Pero lo peor aún estaba por venir. A pesar de que no se había anunciado una advertencia de tsunami, el pastor sabía que debería esperar una gran ola.

“Siempre se nos enseñó desde pequeños que en cualquier tipo de temblor, debes correr hacia las partes altas,” dijo.

Se apresuró con su familia en el auto, en dirección de la casa de su hija, en una parte más alta en esta ciudad a la orilla del mar, llamada Constitución, localizada a 164 millas de Santiago.

Mientras se alejaban, el pastor miró hacia el Río Maule, y de ahí a la isla donde aproximadamente 200 chilenos habían disfrutado una fiesta hasta muy entrada la noche. Vio las luces de casi 30 teléfonos celulares ondulando frenéticamente mientras los asistentes a la fiesta habían quedado atrapados en la isla y trataban de pedir ayuda.

Para entonces, el agua estaba tomando las calles y ya estaba alrededor de las ruedas del carro –evidencia de que la ola de 10 pies de altura se estaba acercando rápidamente. Terriblemente asustados, Muñoz se dio cuenta de que ya era demasiado tarde para ayudar a la gente que estaba en la isla.

Sólo sobrevivieron tres personas.

Justo unos días después de la tragedia del 27 de febrero, Muñoz, el pastor de la Iglesia Bautista de Constitución, mostró la devastación de su comunidad a los bautistas del sur miembros de un equipo de evaluación de desastres y a unos oficiales bautistas chilenos. De pie sobre los cimientos de concreto donde estuvo su casa, luchó para detener sus lágrimas y les contó cómo la ola aplanó todo a su paso. Al igual que muchos de sus vecinos, perdió su lugar para vivir y la mayoría de sus posesiones.

Había desaparecido toda una cuadra de casas. Uno de los autos de la familia fue encontrado a más de tres cuadras cuesta arriba de su hogar. En un lugar, el agua había destrozado un edificio encima de otro. En otro, el segundo piso de una casa bloqueaba la calle como si fuera una casa de un solo piso. Por doquier, la gente buscaba entre las ruinas, separando sus posesiones empapadas y preguntándose qué harán ahora.

Mientras Muñoz dejaba atrás las casas de los miembros de su iglesia y sus amigos, no pudo más que soltarse a llorar. La gente a quien tanto amaba lo perdió todo. La devastación era abrumadora.

Pero Muñoz sabía que esta era la hora de ministrar. Cuando descubrió que su negocio de abarrotes no había sido dañado por el tsunami, abrió las puertas y regaló la comida a la gente en necesidad. El edificio de su iglesia, -que también había sobrevivido- ahora provee alojamiento para 20 familias sin hogar y sirve como un centro de distribución de suministros.

Mientras Muñoz y los miembros de su iglesia están mostrando el amor de Dios al ayudar a sus vecinos, los equipos de rescate de bautistas chilenos y de bautistas del sur también están trabajando en el área Maule –que incluye a Constitución- estableciendo cocinas temporales para proveer alimentación

“Agradecemos a Dios que tenemos nuestras vidas,” dijo Muñoz. “Lo demás es sólo material y puede ser remplazado. Dios es bueno.”
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Tristan Taylor es un escritor de la JMI enfocado en Latinoamérica. Usted puede hacer donaciones para ayudar a Chile a través de https://www.imb.org (elija el gráfico que muestra la ayuda para las víctimas del terremoto en Chile). Se pueden ver las peticiones de oración actualizadas en imb.org/pray. También se actualizará la información a través de Twitter en #QuakeResponse.

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  • Por Tristan Taylor