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¿Sabía que somos iguales?: Quietud

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NASHVILLE, Tenn. (BP) — Lo que más disfruto de vivir en el Sur de la Florida es la gran diversidad de nacionalidades que la componen. Según los últimos datos en el año 2009 había cerca de 3 millones de habitantes en el Condado Miami-Dade solamente. En el 67.9% de los hogares se habla otro idioma que no es el inglés. Con 35 ciudades incorporadas y muchas áreas no incorporadas, este condado puede considerarse un campo misionero internacional. ¿Por qué me gusta tanto? Porque cuando le hablo de Cristo a cualquier persona, el mensaje puede llegar a rincones del mundo que ni siquiera me puedo imaginar.

Otra belleza de esta área son sus iglesias. Tal vez en alguna zona residencial, en algún centro de trabajo o estudio, o en cualquier otro conglomerado, alguien pueda percibir alguna preferencia en cuanto a raza o nacionalidad, pero en las iglesias no. ¿Cuál es la diferencia? En Cristo hay unidad en la diversidad. En nuestras iglesias hemos aprendido a relacionarnos con personas distintas a nosotros tal como lo hizo el Señor.

En Cristo no hay diferencias ni preferencias. Él ha derribado todas las barreras de nacionalidad, raza, sexo, educación, nivel social o poder. Él recibió a todas las personas que venían a Él. Entonces, ¿Quiénes somos nosotros para aceptar a unos y rechazar a otros? ¿Habrá alguien a quien Jesús le habrá negado la salvación por ser diferente?

Escuché que un miembro de una congregación recriminó a su pastor por servir a personas de nacionalidades diferentes a las suyas. Su argumento era que Jesús escogió a sus discípulos y que el pastor debería escoger a los que se unieran a la iglesia. El pastor le respondió: “Jesús me ha dicho que sirva a todos sin excepción.” Nuestra tarea es llevar el mensaje de Cristo hasta lo último de la tierra. Si queremos ver vidas transformadas debemos hacerlo sin importar el color de la piel, el lugar donde haya nacido o el idioma que hable una persona. Todos necesitan a Cristo.
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Este escrito fue publicado originalmente por la revista Quietud® en el número correspondiente al otoño de 2012.

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