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¿Tomar unas vacaciones de compartir el amor de Dios?

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BIRMINGHAM, Ala. (BP)–¡Las vacaciones! Un tiempo de descanso aparte de la rutina diaria. Con el tiempo se ha creado una gran industria que ofrece destinos vacacionales a diferentes costos, y aun paquetes completos (transporte, alojamiento, comida, boletos de entrada, etc.) de acuerdo al presupuesto del viajero.

En nuestro contexto hispano en los Estados Unidos, las vacaciones son días grandemente anticipados por los trabajadores y aun más por las familias. Muchas familias hispanas anticipan grandemente el disfrutar sus vacaciones al lado de sus seres queridos, quizás en otro estado, quizás en otro país, y estas vacaciones son las más anheladas. Éstas no llegan cada año regularmente, sino que hay que esperar un tiempo, quizás cada dos o tres años. Por eso cobran un valor muy especial. ¡Quién no desea pasar más tiempo gozando el amor de sus seres queridos!

FAMILIA 1

Eran las cuatro de la mañana y ya estaba toda la familia (dos padres y cinco hijos) listos a partir en su tan ansiado viaje al país vecino de México. Iban un poco apretados en la camioneta o “troca,” como aquí la llaman. Contaban las horas para ver a sus familiares. Estarían los abuelos, tíos y primos, y por supuesto harían nuevos amigos.

Las vacaciones se pasaron rápidamente, como es de esperar. Entre el alborozo del verse después de tanto tiempo, las visitas familiares, las compras y los paseos, ni se dieron cuenta de que no abrieron la Palabra de Dios en ninguno de aquellos días. No oraron como familia ni hicieron ninguna visita a congregación alguna. Así que al regresar después de 12 días y aun estando en el traqueteo del vehículo, cuando la más pequeña le recordó a Papi de la oración de acción de gracias por los alimentos que tomaban en el camino, de repente la familia hizo un recuento de sus acciones espirituales. Entonces alguien dijo algo que sonó como una justificación a la cual todos se adhirieron sin remordimiento: “Pero estamos de vacaciones.”

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FAMILIA 2

Por otro lado, la familia Paez iniciaba su viaje de vacaciones a un gran parque de fantasía en otro estado. Claro que todos los cinco miembros de la familia (padre, madre y tres adolescentes) estaban a la expectativa de pasarla bien. Al iniciar su viaje se encomendaron a Dios y tuvieron cuidado de mantener sus altares familiares cada día. No todos los días fueron fáciles a la convocación espiritual, pero en el corazón de los padres estaba la firme convicción de honrar a Dios, quien les concedía tal descanso. Para tal fin decidieron ser flexibles. Cuando no se pudo en la mañana antes de desayunar, lo hicieron al prepararse para dormir, siempre recordando a sus hijos con este ejemplo que las vacaciones son incompletas si no se mantiene una relación íntima con Dios.

Cuando menos lo pensaron ya estaban de regreso en casa e incorporados a sus actividades de rutina. Llegaron con mayores ganas de seguir sirviendo al Señor de señores, quien les había concedido tan magnífico descanso.

NECESARIO UN MOMENTO DE QUIETUD

Vivimos días de mucha agitación, no solamente en el mundo sino también en los hogares. Hay las múltiples actividades de nuestros hijos que nos envuelven, y el compañerismo que cultivamos con nuestros compañeros de trabajo, hermanos en la fe, familiares y amigos. Cada vez se hace más necesario un momento de quietud y solaz. Algunos anhelan un momento a solas; otros desean un momento con quienes les hacen sentir amados. A este momento le llamamos vacaciones.

Dice la Palabra de Dios que allí donde está su tesoro, allí también está el corazón (Lucas 12:34; Mateo 6:21). Si usted conoce a Dios como su Señor y Salvador, ¿es el Señor Jesús su preciado tesoro? Si no lo es, le invito a que hoy mismo lo haga su tesoro. Dice Cristo en Apocalipsis 3:20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

¿Cuida su relación con Dios cada día? ¿Lee su Palabra, medita en ella y la pone por autoridad en su vida? Si es así, entonces usted sabrá la realidad de que las bendiciones del Señor son nuevas cada mañana (Lamentaciones 3:22–23). Si Dios no deja de bendecirle cada día, no hay opción en la mente ni en el corazón para interrumpir esa comunión diaria con Él.

LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

Ciertamente el mundo nos ha absorbido y no podemos más que asombrarnos ante su influencia fácil y efectiva en nosotros. ¿Cómo ocurre eso? Así es cuando la “ley del mínimo esfuerzo” reina en nuestra conducta y reclamamos el máximo placer como un derecho, pase lo que pase. De repente acabamos tomando unas vacaciones de Dios, como si amarle y mantener la bendición de su comunión fuera motivo de carga de la que hay que descansar.

¡Que nunca acontezca tal cosa! Considere cuán graves son los resultados si no velamos:

— Su fe dejará de crecer, pues “la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Y cuando regrese el Señor Jesús, ¿hallará fe en su corazón? (Lucas 18:8).

Estoy repitiendo las mismas palabras de nuestro Maestro sobre las características del fin del tiempo para la salvación de esta humanidad por quien Él dio su vida. Pues Él no quiere que nadie perezca, sino que todos pasen de las tinieblas a su luz admirable (2 Pedro 3:9; 1 Pedro 2:9). ¡Por las señales sabemos que viene pronto!

— No habrá cumplido con su responsabilidad de dejar una herencia. Sus frutos espirituales incluyen la herencia de sus hijos y por lo tanto de sus generaciones. No permita que se rompa el eslabón que con tanto amor y dedicación sus padres, o tal vez sus padres espirituales, formaron en usted al hacerle conocer el temor de Dios. Es su responsabilidad cumplir con el llamado de Deuteronomio 6:6–7: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” ¡Su ejemplo es vital y nadie puede tomar su lugar en ello!

— Somos llamados a ser sal de la tierra y luz de mundo (Mateo 5:13–16). Si no le seguimos y mantenemos nuestra fidelidad a Él, no cumpliremos la Gran Comisión (Mateo 28:18–20). No dejemos al perdido en las tinieblas. Si somos fieles, Dios nos puede usar para atraerle a su luz admirable (1 Pedro 2:9).

— Nuestro Salvador nos va a tomar cuentas de su mandato de enseñar su Palabra. ¿Puede ser que en aquel día u oportunidad que usted decidió “estar de vacaciones de Dios,” hubo almas que necesitaban que usted les diera el mensaje de esperanza del amor de Dios? Es necesario tomar conciencia de este alto privilegio que Dios ha confiado en nuestras manos, y pongamos toda diligencia para entusiasmarnos por acciones santas, por un testimonio fiel y por comunicar el mensaje de salvación a todo aquel que lo quiera escuchar. ¿Cuál es el costo? Tomar nuestra cruz cada día, ¡aun en las vacaciones!

EL ENEMIGO ESTÁ VENCIDO EN EL NOMBRE DE JESÚS

Por lo tanto, considere los fundamentos de estas cuatro razones y tenga cuidado de no caer en manos del enemigo. Éste como león rugiente busca devorarnos (1 Pedro 5:8–9), para contar uno menos en la brecha (Ezequiel 22:30) en la lucha por el reino del Señor Jesucristo, en los corazones de los que aún no le aman porque no le conocen (Romanos 10:14). ¿Acaso ha olvidado que el enemigo está vencido en el nombre de Jesús? Resistamos la tentación, para que no le otorguemos al Enemigo una oportunidad de distraernos a nosotros y a los demás. El diablo quiere destruir y corromper, para dañar su influencia ante la familia, la iglesia y la comunidad.

Sigamos fortaleciéndonos para extender el evangelio, empezando por nuestra familia, y por nuestra comunidad, nación y mundo.

Cuando somos creyentes cristianos, la Palabra de Dios es nuestro pan espiritual y siempre está a nuestra disposición. El Señor Jesús dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4; Deuteronomio 8:3). Si aún esto no se ha cumplido en su vida, entonces no has disfrutado aún el verdadero pan, aquel que cobra un nuevo significado y ensancha su visión hacia experimentar la obra de Dios en cada experiencia de la vida.

En nuestra sociedad se cataloga al hombre con muchos términos, entre ellos conformista y ambicioso. En muchas familias se vive con un sentir conformista: “Así soy, y ¿qué se puede hacer. Ya me tenía que tocar.” Mientras tanto, en las familias con un sentir ambicioso equilibrado, hay aspiraciones saludables, las mismas que son propuestas como metas a lograr. Se luchan por ellas hasta alcanzarlas, y entonces se proponen otras nuevas, sucesivamente. Así es el caminar del hijo de Dios, llamado a ser más que vencedor (Romanos 8:37), para la honra del Altísimo.

¿Podemos reclamar esta promesa? Me pregunto si hasta aquí ha tocado Dios el corazón para proponerse usted mismo, hoy, junto con el Espíritu Santo que mora en el corazón, llevar adelante la siembra de la semilla del mensaje de salvación en cada corazón dispuesto. No desperdicie el precioso tiempo en aquellos que abiertamente rechazan las nuevas de salvación. Siga adelante, porque hallará en su camino aquellos que permitirán que el Espíritu Santo los convenza de pecado (Juan 16:8), invitarán a Jesucristo como su Salvador personal y se sujetarán en amor a la autoridad de Dios el Padre. Éstos crecerán y darán fruto en medio de un mundo que camina sin Dios y sin esperanza (Efesios 2:12).

Cultive la responsabilidad cristiana. Ciertamente es una disciplina, pero una vez que la adquiere le da fruto apacible de justicia (véase Hebreos 12:11). Anhelamos oír algún día las palabras de Jesucristo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21, 23).

Es mi oración que nos unamos al pueblo que de generación en generación ha levantado el estandarte para serle fiel en el llamado las 24 horas del día, los siete días de la semana, por los 365 días del año, hasta que sea llamado a su presencia.

¡A Él sea la gloria!
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De Nuestra Tarea (revista de la UFM), julio/agosto 2007.