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EDITORIAL: El gozo de dar

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SPRINGFIELD, Tenn. (BP) — Dios es la fuente de nuestras riquezas. La Biblia nos recuerda en (Deuteronomio 8:17-19) “y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis.”

Este pasaje nos advierte del peligro de pensar ‘Mi poder y la fuerza de mi mano me han producido esta riqueza.’ (v.17) Dios le advirtió a su pueblo la sutileza de pensar que somos dueños y no administradores de lo que tenemos. ¡El es nuestro sustento!

El dar es el antídoto al materialismo. El acto de dar nos recuerda claramente que todo lo que gira e importa en este mundo es él y no nosotros. El dar dice “Yo no soy lo más importante. El es lo más importante. El no existe para mí. Yo existo para El.” El dinero que Dios nos da tiene un propósito más grande y sublime que nuestra afluencia. El dar es la entrega gozosa a la persona más grande y al que tiene la agenda más grande e importante. Nuestro dar afirma el señorío de Cristo. Nos quita del trono y lo exalta a el. Rompe las cadenas que nos atan y declara qué es lo que más amamos.

Piensa en algunas cosas que te gustaría dar más: dinero, habilidades, sabiduría, ánimo, talentos, dones espirituales, conocimiento, tiempo, etc. Por lo general, nos creemos más dadivosos de lo que realmente somos. ¿Qué estás esperando? Ahora es el tiempo para dar. Hay hermosas bendiciones y promesas cuando damos.

La Biblia está llena de hombres y mujeres que dieron al Señor lo que tenían. Dios honró su entrega. Estos eran personas como tu y yo. Algunos con más y otros con menos. Las Escrituras contienen una galería de héroes de la fe a quienes podríamos preguntarles si valió la pena dárselo a Dios. Piense por un momento en la cuerda de Rahab, el bastón de Moisés, la honda de David, la quijada de asno de Sansón. ¿Qué nos diría Abraham cuando se le pidió sacrificar a Isaac? ¿Qué tal el niño que ofreció los panes y dos pescados o la viuda pobre que ofreció dos blancas? No estoy seguro si veremos las cosas que dieron en el cielo. Pero seguro, ellos estarán allí.

¿Qué esperas para entregarle a Dios eso que te pide hoy? Eso puede ser tu tiempo, un talento, una relación, un problema, tus tesoros, tu carrera y/o tu misma vida. ¿Qué estás esperando?

Alguien dijo: “Una cosa he aprendido en mi vida, no puedo ganarle a Dios cuando se trata de dar. Por más que yo pueda darle, siempre Él me gana a mí, porque este me regresa mucho más de lo que le di. Se puede dar sin amor, pero no se puede amar sin dar. Si doy no es porque tengo, más bien tengo porque doy. Es que cuando Dios me pide, es que Él me quiere dar.

Y cuando Dios me da, es que Él me quiere pedir.”

Si quieres, haz lo mismo y comienza a darle hoy. Verás que en poco tiempo tú también podrás decir lo mismo. No podemos ganarle a Dios cuando se trata de dar. Jesús dijo: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 10:39.) ¡Feliz Navidad!