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EDITORIAL: Estaba pensando que…

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La paternidad es un trabajo difícil y muchas veces desconocido. Es cierto que los niños no nacen con un manual de instrucciones debajo del brazo, pero los padres tenemos en la Biblia el manual de instrucciones perfecto, y en ella encontramos también el ejemplo del Padre perfecto, que es nuestro amante Padre celestial.

Hacer una lista de todas las responsabilidades paternales sería muy difícil y tedioso. En Proverbios 1:8a leemos: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre…” Pienso que tal vez, la responsabilidad de instruir a los hijos sea una de las responsabilidades más importantes e ignoradas por algunos padres. Hay otras que son más obvias, como la de proveer protección, sustento, amor, compañía, abrigo, cuidado, educación, etcétera.

Con el pasar de los años, algunas de esas responsabilidades se van desvaneciendo, pero la función de consejería, la tarea de instruir y de pasar la experiencia adquirida con los años y los fracasos, no cesa, aun cuando la mayoría de las veces los hijos adultos no quieran escuchar, se rían o digan algo para contradecir, en el fondo, ellos guardan y aplican muchas de las instrucciones recibidas. Entonces, el día que el padre falte, esos consejos repetidos, esas cosas que parecían estar fuera de moda, esas instrucciones “caducas”, fuera de tiempo, son las que más se extrañan, oprimen el corazón y hacen brotar más de una lágrima.

Al hablar de instrucción no me refiero solo a lo que se dice, que muchas veces no es lo más importante, aunque lo parezca, sino al ejemplo que el padre dé. Los hijos, desde muy pequeñitos, observan todo lo que hacen sus padres y tratan de imitarlos, y cuando son adultos, muestran muchos rasgos que responden a la instrucción que recibieron de su padre, sea esta buena o mala, y esto afecta de igual manera a los niños y a las niñas. Por lo que, sin dudas, esta es una llamada de alerta a los padres, independientemente de la edad que tengan sus hijos.

La paternidad nunca termina, pero la responsabilidad paternal no se extiende a los nietos. Es importante destacar que este proceso de instrucción debe de comenzar lo más temprano que sea posible en la vida del niño. También los padres debemos tener bien claro el concepto de que toda la responsabilidad es de los padres. La Escuela Dominical, o como algunos le quieran llamar hoy, es solo una ayuda y no un sustituto de los padres para instruir. Enseñar la Palabra de Dios y cómo vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Escritura, no se limita al ámbito de la iglesia, esa es una tarea que también atañe a los padres. Se aprende a no mentir en el hogar y esa enseñanza se reafirma en la iglesia, es el padre el primero que debe dar el ejemplo y nunca “engañar” (que es una forma de mentir) a sus hijos, en ninguna circunstancia, aunque los hijos sean pequeños niños inocentes.

Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Este tal vez sea uno de esos versículos muy conocidos de la Biblia y fue dirigido a los padres, no a la iglesia. Frecuentemente se encuentra escrito en las paredes de los departamentos de niños en muchas de nuestras iglesias. Muchos de los que tuvimos la bendición de nacer en hogares cristianos somos una confirmación viviente de esa gran verdad. Con altas y bajas a lo largo del camino, pero manteniéndonos en el camino. Sin embargo, me parece que algunos padres esperan que sea solo la iglesia la que cumpla la importante función de enseñar e instruir en los caminos del Señor a nuestros hijos. La iglesia está, entre muchas otras cosas, para instruir y enseñar, es verdad, pero no para sustituir la responsabilidad que tienen los padres de instruir a sus hijos con palabras y con su ejemplo.

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Los padres tienen la responsabilidad de enseñarles a sus hijos el camino que conduce a Cristo. La decisión es de los hijos y el Espíritu Santo es quien obra en los corazones de ellos, pero la tarea de mostrarles el camino es de los padres, en primer lugar, viviendo vidas que reflejen a Cristo.

Mi hijo recibió a Jesús siendo adulto y quiso que lo bautizara mi mentor y mejor amigo, a quien le debo más de lo que yo pudiera escribir. A mí esa decisión me dio una gran satisfacción, pues fue una muestra de que él no estaba dando ese paso por un compromiso conmigo, sino como un testimonio de su fe en Jesucristo.

En este Día de los Padres quiero elevar una oración de gratitud a Dios en nombre de todos aquellos que tuvimos el privilegio de nacer en un hogar cristiano, y pedir de manera muy especial por aquellos hermanos que nacieron en hogares con padres no cristianos, para que ellos siempre puedan ser la luz que alumbre en sus hogares y el ejemplo que sus hijos puedan ver y seguir.

En mi nombre, en el del Colectivo de Baptist Press en español y en el del Comité Ejecutivo de la Convención Bautista del Sur, deseamos desearles a todos los padres biológicos, a los adoptivos y a todos aquellos que han ministrado y ministran como verdaderos padres espirituales, un bendecido y ¡Feliz Día de los Padres!