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EDITORIAL: La religión y la política

¿Hay algo que pueda polarizar más que estas dos cosas? Días atrás, mi esposa y yo salimos con otra pareja amiga para tener un tiempo de compañerismo. Ambas parejas somos viejos amigos y algunas veces salimos para divertirnos. Los cuatro somos creyentes en Jesucristo. Al inicio del encuentro nos saludamos como de costumbre y comenzamos a platicar de política. En cuestión de minutos, la conversación se tornó tensa, polémica y emotiva. Nos dimos cuenta que algo tenía que cambiar en el tono de la conversación. De lo contrario, íbamos a terminar disgustados y enojados. Arruinábamos el propósito de la reunión.

¿Será posible amar a alguien incondicionalmente a pesar de nuestras diferencias políticas? Vivimos momentos en que nuestra nación está más dividida que nunca. Es difícil no hablar de política en la iglesia y en cualquier otro lugar. Hasta el tema de usar máscara para protegernos del Covid-19 se ha politizado.   La lucha y la discordia han impactado a la iglesia. El enfoque en temas menos importantes que la agenda de la Gran Comisión de la iglesia está absorbiendo a algunos creyentes.

Pero cuando algo que Jesús dice intersecta con la cultura en la que vivimos debemos considerarlo y con mayor preeminencia. Es decir, sus palabras tienen mayor peso e importancia para nosotros que lo que la cultura diga o crea. Ella es más relevante que cualquier declaración política. Esto no debemos olvidarlo a la luz de la división que hoy percibimos. El contexto político que el país vive a pocos días de las elecciones es cruel y triste. El temor galopa en los discursos y medios sociales. Nada divide más que el temor y este es lo que están usando ambos partidos políticos para influenciarnos. Considera por un momento los esfuerzos por levantar recursos económicos de ambas campañas. Unos dicen que te van a quitar el derecho a portar armas mientras el partido opuesto dice que te quieren quitar la oportunidad de votar. La lista es larga y agotadora.  Ambas partes son culpables de este mal. Al final, lo que quieren es que apoyes económicamente sus agendas y temamos. Quieren que votemos por temor y temor a algún tipo de pérdida. Desean que temamos perder el control, una oportunidad o un futuro deseado. No te dejes engañar y seas víctima del temor. “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” 2 Timoteo 1:7 NTV

En medio de todo este rebullicio, ¿será posible colocarnos primero los lentes del evangelio de Cristo antes que cualquier lente político? ¿podremos hacerlo? ¿Discutiremos sin ofendernos unos a otros y sin olvidar quiénes somos primero?  ¿Estaremos dispuestos a evaluar nuestras diferencias políticas a la luz de toda la Biblia? ¿Será posible para los creyentes hoy ser ejemplo de cómo el evangelio prevalece por encima de cualquier partido político? Ni los demócratas ni los republicanos se pueden comparar con Jesús. Ninguno de ellos tiene el evangelio completo. Estos nos van a decepcionar. Sus agendas no se comparan con la Biblia. No te confundas.  Ejerce tu derecho a elegir.  Vota por quien tu quieras y te dicte tu conciencia, pero manten a Cristo en primer lugar y ama a todas las personas incluso a aquellas que difieran de ti. Respeta sus opiniones y habla con amor hacia los demás. No los denigres ni dejes que esto nos divida. No pongas la política sobre las relaciones y mucho menos por encima del evangelio. Podemos diferir en nuestros puntos políticos de vista pero amarnos incondicionalmente y trabajar por la unidad de la iglesia y el reino. ¿Recuerdas la petición tan especial de Jesús en Juan 17:20-21 que seamos uno? Estamos llamados a ejemplificar, para este mundo tan necesitado, una verdadera unidad que solo podemos conseguir en Cristo. Me inquieta ver a creyentes que están más apasionados por una postura política que por Jesús. Mientras otros usan los recursos y medios sociales a su disposición para crear división, promover teorías de conspiración y pensamientos crueles e impíos, debemos estar listos para honrar a Dios con nuestra conducta y conversación. Dios nos guarde de caer en esta trampa del maligno.

[1]

Recordemos quiénes somos y a quién pertenecemos. “Jesús contestó: —Mi reino no es un reino terrenal. Si lo fuera, mis seguidores lucharían para impedir que yo sea entregado a los líderes judíos; pero mi reino no es de este mundo.” Juan 18:36 NTV. Jesús oró por nosotros:

“»Mi oración no es por el mundo, sino por los que me has dado, porque te pertenecen. Todos los que son míos te pertenecen, y me los has dado, para que me den gloria.«” Juan 17:9-10 NTV

Porque Él vive,