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EDITORIAL: La reforma migratoria no se trata de política


NASHVILLE (BP)—Los expertos en política en el país están hablando sobre el papel que jugó el voto latino en la elección presidencial. Claramente, los latinos favorecieron al Presidente Obama, más que al Gob. Romney. Sin duda, las posturas que tomó cada uno de los candidatos sobre la reforma migratoria fueron un factor para muchos latinos.

Muchos de estos expertos en política están instando a los republicanos a cambiar su postura sobre los inmigrantes para ayudar con las políticas republicanas. Obviamente, les ayudaría un acercamiento más realista.

Pero la reforma migratoria no debe tratarse solamente de política. Debe tratarse de la dignidad humana. La Comisión de Ética y Libertad Religiosa de la Convención Bautista del Sur apoya la reforma migratoria porque creemos que Dios espera que esta nación actúe de manera compasiva hacia aquellos que están viviendo pacíficamente entre nosotros, sean legales o no.

Tomamos esta perspectiva de la Biblia. Cuando Dios les decía al pueblo de Israel cómo tratar a los inmigrantes en medio de ellos, les dijo, “Debes amarlo como a ti mismo” (Levítico 19:34). Si Dios pudo instruir a Su pueblo para que amen al inmigrante en medio de ellos, quienes no necesariamente compartían la fe de Su pueblo, seguramente espera lo mismo de nosotros.

Durante 30 años nuestra nación literalmente se ha hecho de la vista gorda mientras millones de hispanos cruzaban nuestra frontera sur y otros millones provenientes de todas partes del mundo se quedaron más tiempo del que sus visas permitían. Cuando los empleos abundaban el gobierno estaba contento de que ayudaran a mantener andando el motor de la economía. Como respuesta ante nuestra actitud pasiva, hicieron sus vidas aquí. Pero ahora, estos hispanos, asiáticos, africanos, y otros que han pasado décadas aquí están construyendo sus vidas por sí mismo y criando a sus hijos entre nosotros, enfrentan la amenaza de la deportación, ya sea por la fuerza o debido a la falta de empleo.

Aquellos de nosotros que estamos ofendidos porque estos hombres y mujeres voluntariamente quebrantaron nuestras leyes y continúan haciéndolo con documentos falsos de identidad, tienen el derecho de estar ofendidos. Debe haber un castigo para esto. Pero aquellos de nosotros que nos hacemos llamar cristianos, nuestra reacción ante ellos debería primero ser una de compasión, no de retribución.

Estos hombres y mujeres son amados por Dios tanto como nosotros. También han sido creados a la imagen de Dios. También son personas por las que murió Cristo. Merecen algo mejor que lo que algunos de nosotros estamos intentando. Para muchos, las habilidades que aplican aquí ni siquiera serían útiles en sus países natales, los cuales dejaron hace años. Sacarlos sería consignarlos de seguro a vidas de pobreza extrema. Esta no es la respuesta cristiana para la gente necesitada.

La Comisión de Ética y Libertad Religiosa apoya el plan de la reforma migratoria que asegure nuestras fronteras de una vez por todas, asegure la aplicación de la ley en las empresas que los contraten, y provea senderos hacia el estatus legal y/o la ciudadanía con la restitución y requisitos apropiados para aquellos que no tengan historial criminal. Tal plan demuestra el compromiso de nuestra nación con la aplicación de la ley y también con nuestro compromiso de dar la bienvenida al inmigrante.

Estados Unidos es una nación de inmigrantes. Nuestra propia historia nos ha enseñado que el crisol que es Estados Unidos de América se ha fortalecido por la infusión de gente nueva. Les ayudamos y fin de cuentas ayudamos a nuestra nación al darles la bienvenida y ayudarles a alcanzar su potencial otorgado por Dios. Esta es la manera americana, y aún más importante, la manera cristiana.
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Barrett Duke es el vicepresidente para política pública e investigación en la Comisión de Ética y Libertad Religiosa de la Convención Bautista del Sur.

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  • Por Barrett Duke