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Vivir a la luz de la Segunda Venida


TIGERVILLE, S.C. (BP) — Los cristianos han estado debatiendo los puntos más finos de la escatología, o el “fin de los tiempos,” desde al menos el siglo II. ¿Se cumplen las promesas de Dios a Israel en el Antiguo Testamento acerca de la tierra literal o figurativamente o una combinación de las dos? ¿Cuál es la naturaleza del milenio y cuándo ocurre en la divina línea del tiempo de Dios? ¿Es el rapto un aspecto de la Segunda Venida o es un evento separado? ¿Qué continuidad existe entre el orden presente creado y los nuevos cielos y la nueva tierra?

Al igual que otros cristianos, los bautistas del sur discrepamos entre nosotros acerca de estas y otras cuestiones. Aunque estamos comprometidos con la creencia de que la Escritura es inspirada, autorizada, inerrante y suficiente, también reconocemos que algunos de estos antiguos debates no se resolverán completamente hasta la nueva vida. Para entonces, ¡todo nos quedará aclarado!

A pesar de los honestos desacuerdos entre los bautistas del sur, disfrutamos el consenso en los aspectos más importantes de la escatología. Fe y Mensaje Bautista (2000) resume nuestras creencias comunes sobre el fin de los tiempos:

Dios, a su tiempo y a su manera, llevará al mundo a su fin apropiado. De acuerdo con sus promesas, Jesucristo regresará personalmente y visiblemente en gloria a la tierra; los muertos serán levantados; y Cristo juzgará a todos los hombres con justicia. Los injustos serán consignados al infierno, el lugar de castigo eterno. Los justos en sus cuerpos resucitados y glorificados recibirán su recompensa y morarán en el cielo para siempre con el Señor.

Dios tiene el control. Jesús va a volver. Todo ser humano será juzgado. El cielo y el infierno son reales, y sus respectivas bendiciones y castigos son eternos. Estas maravillosas verdades deberían afectar dramáticamente la manera en la que vivimos. En vez de vivir como si el tiempo presente fuera todo lo que importara, deberíamos vivir a la luz de la Segunda Venida. De acuerdo con las Escrituras, esto implica al menos dos prioridades.

Primero, vivir a la luz de la Segunda Venida significa buscar la santidad. Pedro vincula nuestra búsqueda de la santidad con las promesas de Dios y con el regreso de Jesucristo:

13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; 14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. (1 Peter 1:13-16).

Dios nos ha llamado a ser santos. Este llamado a la santidad está arraigado en el carácter perfectamente santo del propio Dios. Como sus hijos espirituales, nuestra vida ha sido transformada y nuestras prioridades son diferentes de cuando estábamos perdidos. Pablo lo dice de esta manera: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Vivir a la luz de la Segunda Venida también significa tener urgencia por el evangelismo y las misiones. En Mateo 24, Jesús les enseña a sus discípulos acerca de algunos elementos clave al final de los tiempos. En el versículo 14, dice “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”. Un poquito después, en los versículos 30, 31, Jesús deja en claro que el fin que vendrá incluye la venida del Hijo del Hombre, o Su Segunda Venida.

Jesús promete que regresará, pero hasta entonces nosotros difundimos su fama entre las naciones. En estos versículos, Él promete el éxito de la Gran Comisión que ordena más adelante en Mateo 28:18-20. Nosotros llevamos el Evangelio a todo el mundo. Después de eso, Jesús regresa. Él no está sugiriendo que podemos acelerar el momento de su regreso basándonos en nuestros esfuerzos evangelizadores, sino que más bien debemos tener urgencia en proclamar las Buenas Nuevas a toda la gente porque Él regresará un día para terminar su obra salvadora.

Cuando pensamos en el regreso de Cristo, nuestro primer instinto no debería ser sacar las tablas de profecía o comenzar un debate en nuestro grupo pequeño. En vez de eso, nuestra respuesta debiera ser buscar la santidad y compartir las Buenas Nuevas con aquellos que todavía no han creído. Todos los cristianos son llamados a hacer suyo el llamado de Dios a la santidad y a obedecer el mandato de Cristo de difundir el Evangelio acá, allá, y en todas partes. Esto es lo que significa vivir a la luz de la Segunda Venida.

Ven pronto Señor Jesús. Y que ese día nos encuentres fieles.

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  • Nathan Finn