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EDITORIAL: Obedeciendo la Gran Comisión: ¿un mandato para héroes?


“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28:19-20

Este versículo tan usado como fundamento en el llamado misionero, me recuerda a la ceremonia en la que fuimos presentados para salir a diferentes partes del mundo ante una mega congregación en el Sur de los Estados Unidos. Después de tres meses de entrenamiento, nuestra vida estaba a punto de cambiar por completo: un nuevo país, una nueva cultura, una nueva lengua, una nueva casa, un nuevo trabajo. Una palabra que fue usada para referirse a los que estábamos en ese grupo quedó grabada en mi mente: “héroes.”

Debo confesar que en ese momento me sentí incómoda, pues esa descripción no puede estar más lejos de la realidad. No creo que tengamos características especiales que nos coloque en esa categoría exclusiva. Somos simples seres humanos con apenas el deseo de seguir a aquel que dio su vida por nosotros, Jesucristo. Entendí que en ese contexto, el uso de tal adjetivo para referirse a un grupo de personas que dejan su país de origen por causa del evangelio puede denotar un acto sacrificial y heroico.

Sin embargo, la tarea de “ir a hacer discípulos” no fue dada a un grupo selecto de cristianos con características extraordinarias para realizarla. Todo lo contrario, el Apóstol Pablo es muy claro al referirse a la iglesia de Corintios: Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse.” 1 Corintios 1:27-29 Jesús dejó esta orden a personas ordinarias, algunos de sus discípulos eran hombres sin educación, como lo era el caso de Pedro y Juan (Hechos 4:13). Todos ellos sólo tenían en común su fe en Jesús como el único capaz de dar la vida eterna.

Para cumplir el mandato de la Gran Comisión, por lo tanto, no se necesita ser poseedor de grandes virtudes, ni siquiera pagar un precio muy alto si se compara con el costo que Jesús ya pagó en la cruz derramando su sangre por nuestros pecados. Ser misionera no me hace una “heroína,” es apenas tomar un paso más de obediencia a Dios en el plan que Él ya ha trazado para mi vida.

Llego a la conclusión de que es necesario tener cuidado con ese tipo de terminología No sólo puede ser engañosa, fácilmente dando lugar al pecado del orgullo y la vanagloria, sino que también puede servir de obstáculo para aquellos cristianos que por esa imagen ilusoria se sienten intimidados a cumplir su parte en el llamado de la Gran Comisión.

Seas un obrero cristiano a tiempo completo, un trabajador secular que cumple 40 horas a la semana, una mamá ama de casa, un joven estudiante, o aun alguien que considera salir a las naciones, nuestra misión continúa siendo la misma. “Ir a hacer discípulos,” como el Libro de Mateo nos instruye, es una responsabilidad que corresponde a todos sus hijos por igual y lo mejor de todo es que no se necesita ser “héroes” para cumplirla.

    About the Author

  • Valeria Roy
    Valeria Acosta Roy es una misionera uruguaya que junto con su esposo Kyle y tres hijos, Joaquín (12), Martín (11) y Matías (7), trabajan como plantadores de Iglesias con la Junta de Misiones Internacionales desde 2013 en el Sur de Brasil. Valeria tiene una maestría en Lenguas Romances de la Universidad de Memphis lo que le permitió enseñar español en la misma universidad y en Rhodes College por varios años antes de irse al campo misionero. Actualmente ella y su familia, con la colaboración de su iglesia local, están ayudando a plantar una iglesia en las afueras de su ciudad como también apoyando a las iglesias bautistas de la región a permanecer fuertes y firmes en la misión de cumplir la Gran Comisión. Read All by Valeria Roy ›